Cachorros de puma junto al logo de El Podcast ¡GOOOYA! Auriazul, portada ¿Por qué somos Pumas? La historia del mote

¿Por qué les dicen Pumas? La historia del mote que se convirtió en identidad universitaria

Roberto “Tapatío” Méndez encontró en el puma justo lo que quería ver en sus jugadores de futbol americano: inteligencia, rapidez, valentía y astucia. Décadas después, aquel sobrenombre terminó convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la Universidad Nacional.

Archivo ¡GOOOYA! | Publicado originalmente en la revista impresa en 2004
Rescate, edición y contexto: José Luis R. Soltero

Hubo un tiempo en el que nadie sabía cómo llamarnos.

Hoy resulta imposible separar a la Universidad Nacional de una palabra: Pumas. Está en el futbol, en el escudo, en todos los representativos deportivos, en las tribunas y en la forma en que generaciones enteras se reconocen en el azul y oro.

Pero ese nombre no siempre existió. Alguien tuvo que inventarlo.

La historia del mote no nace en una cancha de futbol. Nace en el emparrillado, con una de las figuras fundamentales del deporte universitario: Roberto “Tapatío” Méndez, entrenador de la Universidad durante la década de los cuarenta.

Esta historia se publicó originalmente en las páginas de la revista impresa ¡GOOOYA! en 2004 y forma parte de nuestro archivo histórico. Más de dos décadas después la recuperamos para volver al origen de un nombre que terminó siendo identidad.

El coach Roberto ‘Tapatío’ Méndez, cagado eh hombro luego de un triunfo de la UNAM sobre el Politécnico en un Clásico Estudiantil. Foto: Especial.

El “Tapatío” Méndez y el animal que buscaba

En aquellos años, a los equipos de la Universidad se les llamaba de mil maneras. “La Marea Dorada”, “los universitarios”, “los de Ildefonso”, “los de Justo Sierra”. Algunos representativos de preparatoria hasta cargaban con apodos propios, como Canarios y Osos.

Faltaba un mote. Uno solo. Uno que dijera de un golpe quiénes eran.

Y Méndez no buscaba una mascota bonita. Buscaba un espejo de la forma en que quería competir.

Lo encontró en el puma.

En ese felino vio las cualidades que le exigía a sus jugadores: inteligencia, habilidad, fortaleza, agresividad, valentía, rapidez y agilidad. La explicación que dejó el propio entrenador, recuperada por ¡GOOOYA! en aquella publicación de 2004, sigue siendo la mejor que existe:

“¿Por qué Pumas? Muy sencillo, porque nosotros jugábamos constantemente con equipos estadounidenses que nos ganaban en peso, técnica y estatura, pero no nos ganaban en agilidad y astucia. El puma es un animal que nunca teme aunque sea más pequeño que el contrario. Engaña para atacar y es tan ágil como el que más. Cuando pelea aparenta huidas, y cuando más descuidado está el enemigo ataca de improviso”.

Ahí está todo.

Frente a rivales estadounidenses más grandes y más pesados, a los universitarios les tocaba echar mano de otras armas: velocidad, cabeza, agilidad y corazón. El mismo manual con el que esta afición ha vivido siempre.

La pregunta que nadie sabía responder

La investigación publicada por ¡GOOOYA! recogió también el testimonio de Alejandro Morales Troncoso, figura clave para conservar la memoria del futbol americano universitario y ligado durante décadas a la historia de este deporte.

Morales contaba que la necesidad del sobrenombre se hizo evidente durante una gira por Estados Unidos en 1942, en los días previos al juego frente a Louisiana College.

Alguien preguntó al entrenador cómo se llamaba su equipo.

“Universitarios”, respondió.

Y llegó la repregunta:

“¿Pero qué son?”

Silencio.

No había respuesta. Eran universitarios y ya. No tenían apodo, no tenían símbolo, no tenían nada que gritar de vuelta.

De acuerdo con el relato de Morales recuperado por nuestra revista, fue entonces cuando Méndez pensó en el puma. Un felino de las serranías mexicanas, con características que empataban perfecto con la filosofía deportiva que quería meterle en la cabeza a sus muchachos.

Oro viejo con manchas azules

Y hubo una coincidencia que terminó de cerrar el círculo. Una que todavía pone la piel chinita.

El propio “Tapatío” lo explicaba así:

“En 1946 tuvimos el primer cachorro de león americano (otro de los nombres con los que se conoce a los pumas). Entonces, nos dimos cuenta de que los cachorros de puma tienen un color oro viejo con manchas azules, los cuales usamos desde hace años en el uniforme”.

Los colores ya estaban ahí. El animal también.

Solo faltaba juntarlos.

Así empezaron a ser conocidos como Pumas los jugadores de futbol americano de la Universidad. Mucho antes de que el mote se volviera inseparable del equipo de futbol, ya había nacido sobre los emparrillados.

Del emparrillado a toda la Universidad

Aquellos primeros Pumas no solo recibieron el nombre. Le construyeron el significado.

No eran los más grandes ni los más fuertes frente a sus rivales. Competían justo con lo que Méndez había visto en el felino: agilidad, rapidez, astucia y agresividad deportiva. Ganaban con lo que tenían, no con lo que les faltaba.

Morales recordaba que el nombre fue calando entre la comunidad. Los clásicos llenaban estadios y la gente empezó a sentir suya aquella mascota.

Poco a poco, ser Puma dejó de describir a un equipo.

El mote trascendió al futbol americano y lo adoptaron los distintos representativos deportivos de la Universidad. Después alcanzó a estudiantes, a egresados, a aficionados. Hasta meterse por completo en el lenguaje y en la identidad universitaria.

Pumas ya no es un apodo

Han pasado varias décadas desde aquella decisión de Roberto “Tapatío” Méndez y hoy sería imposible imaginar a la Universidad bajo otro nombre.

Porque Pumas ya no es un sobrenombre.

Es futbol y futbol americano. Es deporte universitario. Es azul y oro. Es Ciudad Universitaria.

Es una palabra que identifica a quienes caminaron por sus aulas, a quienes defendieron sus colores dentro de una cancha y también a miles que, sin haber estudiado en la UNAM, hicieron suyos sus símbolos.

Quizá por eso aquellas palabras del “Tapatío” siguen doliendo de tan ciertas:

“El puma es un animal que nunca teme aunque sea más pequeño que el contrario. Engaña para atacar y es tan ágil como el que más. Cuando pelea aparenta huidas, y cuando más descuidado está el enemigo, ataca de improviso”.

Así nació el mote.

Y así, con el tiempo, el puma dejó de ser un animal para convertirse en lo que somos.

Esta historia también se escucha

Si prefieres oírla en voz de José Luis R. Soltero y Adriana Lima, con las mismas citas textuales del “Tapatío” Méndez, ya está el episodio 2 de El Podcast de ¡GOOOYA! Auriazul: ¿Por qué les dicen Pumas?

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Fotos: Archivo ¡GOOOYA

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