Por Alfredo Gutiérrez Bayardi
Un partido que se sigue recordando como una de las gestas más importantes del futbol mexicano, la conquista del Trofeo Santiago Bernabéu por parte de los Pumas de la UNAM. Los Pumas de México como decía el boleto que nos permitió el acceso y dejó en nuestra memoria, un recuerdo imborrable.
Fue precisamente el texto original de aquella aventura por España, el que me dio una pluma en la revista ¡GOOOYA! Y que hoy, dos décadas y muchísimos partidos después, marca mi regreso a la que considero mi casa. Había que hacerlo recordando a la distancia esa victoria la noche de un martes 31 de agosto del 2004 en la casa del Real Madrid.
Éramos muy jóvenes, muchas caras de los más de 100 hinchas que hicimos el viaje a Madrid siguen asistiendo al estadio, viajando al extranjero para seguir al equipo y también muchos hinchas nuevos han llegado a la tribuna del pebetero y a través de estas líneas, pueden vivir con nosotros la hazaña, como si ellos mismos hubieran asistido.
Porque tal y como sucede hoy, viajar para seguir a Pumas no fue sencillo. En esa época, la mayoría de los integrantes de la Rebel éramos estudiantes y no contábamos con recursos para salir del país, mucho menos a Europa. Pero han sido sueños los que han alimentado esta pasión que sentimos los auriazules cuando se trata de alentar a la Universidad y en el 2004, los cumplimos todos.
En 21 años he regresado dos veces más al Estadio Santiago Bernabéu, y durante el tour, te hacen cruzar por esa sección del estadio para continuar el recorrido hacia los vestidores, así que he vuelto a pisar la tribuna que ocupamos los hinchas de Pumas aquella histórica noche y es difícil explicar el sentimiento, hasta al propio guía. Y sí, entre la gran cantidad de trofeos que presume el Real Madrid en su museo, les falta el del Torneo Santiago Bernabéu del 2004.

El encuentro con Israel Castro una noche antes de conquistar Madrid
Una noche antes del partido, el grupo de amigos con el que iba, paseábamos por la Plaza Mayor en el centro de Madrid y coincidimos con Israel Castro y su familia. Fue un encuentro muy casual, las personas en el lugar no entendían quién era aquél personaje con el que esos muchachos querían tomarse fotos y pedían que firmara sus camisetas. Me gusta pensar que fue una reunión muy motivante para Castro y que le dio inspiración para meter aquel épico derechazo.
Esa noche Pumas jugó con la garra que esperábamos, en la tribuna estaba su hinchada y todos dejamos todo. Del partido poco puedo hablar, esa vez me tocó hacerme cargo del bombo que acompañó los cantos auriazules. Recuerdo que terminé ampollado y sangrando de las manos, pero feliz por el resultado. Los medios españoles corrieron a entrevistarme en la propia tribuna. ¿Esperaban este resultado?, me preguntaron. Si no fuera así, no estaríamos aquí, respondí. Y tal vez fue aquella noche, tras esa muestra de garra y sentimiento auriazul, que la parcialidad más radical del equipo merengue, decidió adoptar el canto que identifica a Pumas y a la Rebel: Cómo no te voy a querer.
Un viaje para la historia de la Rebel, fue la primera vez que el trapo del Orgullo Azul y Oro visitó tierras europeas y como hinchada nos hizo soñar con lo más alto. Nunca más Pumas jugó sin su gente en ningún partido de su historia, hasta el lugar más recóndito de la tierra, ha ido su afición, y eso es algo que pocos equipos en el mundo pueden presumir.
Fotos: Alfredo Bayardi

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