Hay sonidos que no necesitan presentación. En el Estadio Olímpico Universitario basta con escuchar el rugido de miles de voces para sentirlo en la piel. Es un eco que recorre las gradas, que sube desde el corazón y que vibra en los cimientos de la historia: el ¡GOYA!, el grito que nos hermana, que enciende al equipo y que recuerda al mundo entero por qué ser de Pumas es una forma de vida.
En ¡GOOOYA! Auriazul celebramos tres meses del regreso digital de una aventura que inició como revista impresa en 2003, después de dos décadas regresamos y hoy, en nuestro tercer mes, quisimos aprovechar para rendirle tributo al grito del que tomamos nuestro nombre hace 22 años, con un texto conmemorativo en la serie de especiales donde resaltamos la identidad de nuestros Pumas, lo que nos hace un equipo único en México y, de los pocos privilegiados en todo el mundo.
También, queremos ofrecer una aclaración no pedida, primero porque somos transparentes, después, porque hay que ser claros sobre la razón por la que hemos estado un poco ausentes en la cobertura cotidiana y es porque el editor responsable, José Luis Rivera, sufrió la pérdida de su querida tía Evelia, quien era su segunda madre y los días no han sido fáciles, pero la vida sigue y el compromiso profesional también.
Primera versión del origen del Goya
Sobre la historia del origen de nuestro grito de guerra existen dos versiones, la primera es que el grito nació de un sueño universitario, se dice que surgió hace más de un siglo en los albores de la Universidad Nacional, cuando Leoncio Ochoa Alegría, maestro de Educación Física en la Escuela Nacional Preparatoria, regresó de Estados Unidos con la idea de crear un canto de animación para los universitarios. Inspirado por los coros deportivos que escuchó en Nueva York, dio forma a un grito propio, lleno de orgullo y energía.
La palabra original, era “¡Joya!”, y se transformó con el paso del tiempo. Su fonética potente, su ritmo breve y su capacidad de prender multitudes hicieron que los estudiantes la adoptaran y la hicieran suya. Así nació el ¡GOYA!, una voz con peso, con identidad, con alma.
El primer registro conocido del grito se remonta a 1918, en una competencia entre la Preparatoria y la Escuela Nacional de Maestros, cuando por primera vez retumbó el “¡GOYA!” en las calles de Reforma. Años después, la palabra se unió al grito final de orgullo universitario: “¡GOYA! ¡UNIVERSIDAD!”.

De las aulas al estadio
La segunda versión se refiere a la historia de un grito que se volvió costumbre. En los años 40, los estudiantes lo usaban incluso para anunciar su escapada al cine “Goya”, ubicado cerca de la Preparatoria. Pero pronto trascendió las anécdotas y se convirtió en símbolo deportivo.
El equipo de futbol americano de la UNAM fue el primero en adoptarlo formalmente como grito de guerra. Bajo el liderazgo carismático de Luis Rodríguez “El PaliIlo”, el “¡GOYA!” empezó a retumbar en los gimnasios y estadios, contagiando pasión, identidad y orgullo universitario. Desde entonces, cada generación lo ha hecho suyo, transformando ese sonido en un símbolo de pertenencia.

¡GOOOYA! Cuando todos somos uno
No hay nada como escuchar un GOYA coreado por miles de gargantas. El aire vibra, la piel se eriza y el alma se prende. En cada juego de Pumas, ese instante convierte a la afición, los jugadores y la historia en una sola fuerza. Es una comunión emocional que traspasa el marcador: cuando el equipo cae, el grito lo levanta; cuando gana, lo consagra.
Por eso el “GOYA” no pertenece a una época, sino a un sentimiento. Es un rugido compartido, una chispa que une generaciones, desde los que lo gritaron por primera vez en los patios de la Preparatoria hasta quienes hoy lo entonan desde la tribuna de CU.
Es la forma más pura de decir: “Aquí estamos. Somos Pumas. Somos Universidad.”
El GOYA es más que una porra: es un legado.
Cada vez que un gol sacude la red o un atajadón salva el arco, las voces se preparan:
¡GOOOYA! ¡GOOOYA! CACHÚN, CACHÚN, RA, RA! ¡GOYA, UNIVERSIDAD!
Ese canto no es solo aliento: es identidad, historia, resistencia. Es la manera en que el pueblo auriazul le recuerda al mundo que hay cosas que no se explican, solo se sienten.
Y aunque no sepamos con certeza quién dio el primer grito, sabemos que todos los que lo seguimos gritando somos parte de la misma historia.
Porque cuando escuchamos un ¡GOYA!, no solo apoyamos a Pumas: renacemos con él.
Hoy, tres meses después del regreso digital de ¡GOOOYA! Auriazul, este grito vuelve a ser nuestro punto de partida y nuestra razón de existir. Porque de ese rugido nació nuestro nombre, nuestro espíritu y nuestra comunidad.
El GOYA es la voz que nunca calla, la chispa que encendió una pasión y la palabra que seguirá uniendo a todos los que llevamos el azul y oro tatuado en el alma.
Fotos: Rodrigo Fernández y Archivo ¡GOOOYA!






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