En ¡GOOOYA! Auriazul nos debemos a nuestros lectores y hoy queremos compartir que estamos de fiesta al llegar a nuestros primeros tres meses de este emocionante regreso en la versión digital de una revista que marcó una época al seguir de cerca el año de bicampeonato de los Pumas, bajo las órdenes de Hugo Sánchez.

Septiembre fue un mes de nubarrones para el Club Universidad Nacional. Las derrotas dolieron, los goles faltaron y el rumbo pareció perderse. Pero, entre la tormenta y los altibajos, hubo una constante que no se rindió: la afición auriazul, esa multitud que canta bajo la lluvia, que convierte cada caída en una promesa y que no abandona ni en los peores días.

Por eso, ¡GOOOYA! Auriazul reconoce al pueblo Puma, la voz que no se apaga, como el verdadero Puma del Mes, y ofrecemos una aclaración no pedida, primero porque somos transparentes, después, porque hay que se claros sobre la razón por la que nos tardamos en publicar esta sección y varias más que están planeadas para el principio de cada mes.  La razón es porque el editor responsable José Luis Rivera sufrió la pérdida de su querida tía Evelia, quien era su segunda madre y los días no han sido fáciles, pero la vida sigue y el compromiso profesional también.

Memote Martínez rompió la sequía

El mes arrancó con esperanza. En Mazatlán, los Pumas golearon 4-1 con doblete del Memote Martínez y anotaciones de Alan Medina y JJ Macías. Un resultado que ilusionó, aunque todos sabíamos que aquel triunfo llegó ante un rival endeble, un espejismo de tranquilidad.

Después vino el empate 1-1 ante Tigres en Ciudad Universitaria. JJ Macías volvió a marcar, pero el penalti fallado por Aaron Ramsey dejó ese sabor amargo que anticipa tormenta. Y sí, lo que siguió fue un septiembre para resistir, no para celebrar.

La afición auriazul da la cara ante una semana de pesadilla

La semana más dura del torneo trajo derrotas consecutivas que cimbraron el ánimo: 3-1 ante FC Juárez y el 4-1 contra América en el Clásico Capitalino. En la frontera, los errores propios pesaron más que el viento. En el Azteca, la figura de Keylor Navas —otra vez monumental— evitó una catástrofe mayor. El costarricense volvió a demostrar liderazgo y orgullo auriazul, pero ni sus atajadas bastaron para evitar que el marcador doliera.

Y sin embargo, cuando el equipo se desinfló, la afición se infló el alma.

Bajo el diluvio en Ciudad Universitaria, el canto del GOOOYA no se detuvo. En las derrotas, el mosaico azul y oro cubrió las gradas como un escudo. En las malas, la comunidad universitaria respondió con el corazón. El mosaico contra Guadalajara ya fue en octubre, pero bien vale la pena ligar para rendirle un homenaje a la afición, mejor dicho, rendirnos un homenaje como aficionados de Pumas, que, pese a enojos, decepciones y frustraciones, estamos con el equipo en las buenas, en las malas y en las peores.

Esa es la esencia Puma: no rendirse, aunque la tabla diga otra cosa, creer aunque duela, sentir aunque llueva y alentar pese a la tormenta.

Por eso este mes no hay un jugador destacado, porque el alma del Club Universidad vive en su gente, en los que gritan desde el Pebetero, desde el Palomar, Planta Baja o desde casa, en los que llevan la camiseta deslavada pero el orgullo intacto.

Septiembre fue difícil, sí. Pero si hay algo que no se apaga nunca es el rugido del GOOOYA.

Este mes, el Puma eres tú, afición universitaria.

Foto: Rodrigo Fernández

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