Desde el primer acorde, el Himno Deportivo Universitario no solo suena: vibra y se siente. Es una pulsación que nace en el corazón de cada aficionado Puma y se transforma en un eco colectivo, poderoso, inconfundible. Su fuerza no está solo en la música o en las palabras, sino en el momento compartido: ese instante en que miles de gargantas lo entonan al unísono antes del arranque de un partido. Es ahí donde comienza la batalla. Y ahí también comienza la historia.
Quien lo ha cantado en el Estadio Olímpico Universitario sabe de qué hablamos. El orgullo se instala en el pecho, el azul y oro se enciende en la mirada, el puño se alza y se aprieta con firmeza. Nadie da la señal, pero todos saben lo que viene. El estadio guarda silencio y luego estalla: “¡Oh, Universidad!”. No hay director de orquesta, pero sí una misma emoción. Algunos miran al cielo, otros cierran los ojos. Todos se saben parte de algo más grande. De algo eterno.
El Himno Deportivo Universitario nació en 1940, en los históricos patios de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, gracias al impulso de Ernesto ‘Agapito’ Navas, figura clave del futbol americano universitario. Inspirados por él, un grupo de jóvenes —Luis Pérez Rubio, Alfonso de Garay, Gloria Vicens, Ángel Vidal e Isabel ‘Tito’ Valdés, con la colaboración del pianista Ismael Valdez— compuso letra y música. Lo que en un principio acompañaba a los equipos de futbol americano, con el tiempo se convirtió en símbolo de todo el deporte universitario.
Desde entonces, el himno nos hermana. Nos une en la victoria, en la derrota, en el aliento. Lo cantamos los que fuimos estudiantes de la UNAM, los que somos parte de la comunidad universitaria, y también aquellos que, sin haber pasado por sus aulas, encontraron en los Pumas un equipo que representa algo más: valores, identidad, resistencia.
Como nos recordó Juan Manuel Sánchez Rosell, “el Abuelo” de la Porra Plus, en las páginas de la revista ¡GOOOYA!:
“Me reconozco como un soldado de la Universidad, dispuesto siempre a defenderla, al tiempo que me reconozco digno, positivo y orgulloso de pertenecer a la Máxima Casa de Estudios”.
Él mismo nos contó que el gesto de levantar el puño durante el himno surgió con la huelga de 1999, como símbolo de unión y resistencia. Otros lo atribuyen a la iniciativa de Hugo Sánchez cuando dirigía al equipo varonil en entre 2000 y 2005 (en dos etapas). Lo cierto es que ese puño alzado se volvió un ritual que nos distingue. Una forma de decir: “Aquí estamos. Juntos”.
Cantar el himno es más que una tradición. Es una declaración de amor a la Universidad y a lo que representa. Es una forma de reconocernos como parte de una comunidad que cree en el esfuerzo, en la dignidad y en la pasión por la camiseta. Es parte del alma Puma, al igual que el Goya, el escudo, los colores, el mote, nuestro estadio.
Cantarlo es volver a creer. Es volver a sentir. Es recordar que cada partido es una causa y cada jornada, una historia que escribimos juntos. Y en cada historia, el himno nos da fuerza. Nos recuerda quiénes somos. Nos une.
El Himno Deportivo Universitario no es solo un canto. Es identidad. Es memoria. Es legado.
Es nuestro. Y seguirá siendo nuestro… mientras exista un corazón que lata azul y oro.
Letra del Himno Deportivo Universitario
¡Oh Universidad!
Escucha con qué ardor
Entonan hoy tus hijos
Este himno en tu honor.
Al darte la victoria,
Honramos tus laureles,
Conservando tu historia,
Que es toda tradición.
Unidos venceremos
Y el triunfo alcanzaremos,
Luchando con tesón
Por ti, Universidad.
Universitarios,
Icemos siempre airosos
El pendón victorioso
De la Universidad.
Por su azul y oro
Luchemos sin cesar,
Cubriendo así de gloria
Su nombre inmortal.
¡¡México, Pumas, Universidad!!

Deja una respuesta