Arrancó el Clausura 2026 y, con él, esa ilusión renovada de ver a nuestros Pumas rugir en casa. Pero el mediodía en el Estadio Olímpico Universitario terminó con un sabor amargo. El empate 1-1 ante Querétaro no solo dejó escapar dos puntos valiosos en el inicio del torneo; también evidenció que la herida entre el equipo y la tribuna sigue abierta.
La ilusión duró poco. El partido comenzó con esa energía nerviosa de la primera jornada. Pumas intentó proponer, con Alan Medina y Rodrigo López por la banda derecha, pero sin lograr romper el cerrojo queretano. Entre Diego Reyes y el arquero Guillermo Allison, los visitantes se encargaron de apagar el grito de gol durante los primeros 45 minutos. Faltó claridad en el último toque y faltó esa sensación de colmillo que, en CU, suele marcar la diferencia.
“Estamos con la afición, yo no salí contento, ni cerca, entonces, entendiendo eso, creo que compartimos ellos y yo la misma situación”
Efraín Juárez
Para el complemento parecía que la historia cambiaba. Coco Carrasquilla se animó desde fuera del área. Un desvío de Reyes terminó por acomodarle el camino a la pelota, que besó la red. El 1-0 fue desahogo, fue ese “ahora sí” que retumbó en la tribuna, como si el partido empezara a ponerse donde debía: del lado auriazul.
Efraín Juárez, en su lectura del encuentro, dejó una idea clara: el plan se ejecutó, pero el equipo no supo manejar los momentos.
“Generamos la que le sacan a Alan en el primer tiempo, a Ruva… me parece que el equipo, todo lo que se planeó y se planteó en la semana se hace, y lo que nos estaba costando mucho era entender los momentos. Ya hiciste el partido, ya hiciste el gol, ahora ellos tienen que venir con la necesidad… y creo que por ese ímpetu, forzamos muchas veces y que nos cuesta la contra y nos cuesta el gol. La realidad es que es un tema de concentración individual… más allá de un mal resultado, es jornada 1”, explicó el técnico, sin dar nombres, pero con un destinatario que se entendió en el ambiente.
El factor Caicedo y el quiebre emocional
La tarde tenía reservado un giro cruel, con un protagonista que la grada ya traía en la mira: José Luis Caicedo.
“El tema de Caice vuelvo a repetir, nunca individualizo, para eso estamos, para tratar de ayudar y trabajar, así como él y como todos”, señaló Juárez en conferencia de prensa, tras ser cuestionado por la actuación del mediocampista.
El termómetro en el estadio ya estaba alto. Desde que el colombiano se paró en la banda para ingresar de cambio, el murmullo de desaprobación bajó desde las gradas. No hubo paciencia. Y el fútbol, con su ironía habitual, cobró factura de inmediato: una pérdida de balón en zona crítica, ante la presión de Jean Unjanque, dejó a Pumas mal parado.
Mateo Coronel no perdonó. Sacó un disparo que ni siquiera una figura de la talla de Keylor Navas pudo detener. El 1-1 cayó como balde de agua helada y la frustración se volvió estruendo. Los abucheos hacia Caicedo crecieron, y cada toque posterior se convirtió en un juicio sin apelación.
Una deuda que pesa en CU
El cierre del partido fue un “quiero y no puedo”. Pumas buscó, empujó, apretó con más corazón que idea. Jorge Ruvalcaba tuvo el triunfo en sus botines, pero Allison volvió a vestirse de héroe para los Gallos y sostuvo el empate.
El silbatazo final trajo la sentencia: abucheo generalizado, ese sonido que no es solo enojo, también es cansancio. Aun así, en medio del reclamo apareció un destello de identidad: mientras una parte del estadio recriminaba, La Rebel se mantuvo firme y respondió al Goya de los jugadores.
Efraín Juárez tiene tarea pesada. No solo en lo táctico, también en lo anímico. Debe recuperar la confianza de un jugador señalado y, sobre todo, empezar a pagar la deuda que este plantel tiene con su gente. Hoy, lamentablemente, los intereses de esa deuda volvieron a subir en CU.






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