Cada 26 de julio, la memoria auriazul celebra más que un cumpleaños. Celebra el legado de uno de los jugadores más emblemáticos en la historia del Club Universidad Nacional: Darío Anastasio Verón Maldonado, quien este viernes cumple 46 años. Ícono de garra, liderazgo y lealtad, el paraguayo marcó una época imborrable en Pumas y permanece como símbolo indeleble del ADN universitario.
“Me pongo la camiseta de Pumas y para mí es lo máximo. Aquí llegué, salí campeón, bicampeón y estoy muy orgulloso de vestir la casaca de Pumas”
Llegó a México en 2003, luego de destacar en el Cobreloa chileno, con el que eliminó a Pumas en octavos de final de la Copa Libertadores. Verón secó a la ‘Bola’ González en aquel juego de ida en CU y, aunque sólo jugó ese partido —por una expulsión al minuto 80—, dejó una huella que no pasó desapercibida.
“Hice un buen trabajo en la cancha de CU y ahí me vieron”, recordaba el propio Verón en una entrevista que le realizamos en la revista ¡GOOOYA! en 2005, cuando ya se había afianzado como bastión en la zaga universitaria.
El puma paraguayo: fuerza felina
Apenas pisó el Pedregal, se convirtió en una pieza clave del equipo dirigido por Hugo Sánchez. Pronto se ganó el respeto de sus compañeros, la confianza del cuerpo técnico y el cariño de la afición. Aquel defensa central sobrio, fuerte y disciplinado, transmitía energía, liderazgo y mentalidad positiva dentro y fuera del campo.
“Siempre salgo a ganar. Me encanta el futbol desde chiquito y no tenía otra meta. Siempre admiraba el futbol europeo y me decía que algún día tenía que llegar ahí”, compartía en esa misma charla, cuando aún tomaba mate cada mañana antes del entrenamiento, escuchaba cumbia colombiana y soñaba con nuevos campeonatos.
Con el número 4 a la espalda, Verón consolidó una histórica dupla con Joaquín Beltrán en el centro de la defensa. Jugó 533 partidos oficiales con Pumas entre 2003 y 2017, más que cualquier otro jugador en la historia del club. Marcó 22 goles, cinco de ellos contra el América, rival al que rechazó para mantenerse fiel al escudo que aprendió a amar.

Lealtad a toda prueba
Tanto América como Cruz Azul intentaron ficharlo, pero Darío jamás dudó. “Me pongo la camiseta de Pumas y para mí es lo máximo. Aquí llegué, salí campeón, bicampeón y estoy muy orgulloso de vestir la casaca de Pumas”, afirmaba en esa misma entrevista publicada hace dos décadas, realizada en una concentración del club en el Hotel Radisson.
Y razones para el orgullo no le faltan. Fue parte de la época dorada del equipo en 2004, cuando Pumas ganó dos títulos de Liga en el mismo año, además del Campeón de Campeones, y derrotó al Real Madrid en el mismísimo Santiago Bernabéu. En total, levantó cuatro campeonatos de Liga MX con Universidad y escribió su nombre con letras doradas en la historia del club.

Yaguá Pitá: el Puma en guaraní
Nacido en San Ignacio Misiones, Paraguay, el 26 de julio de 1979, Darío creció en una familia humilde con cinco hermanos. En su idioma natal, guaraní, ‘puma’ se dice ‘yaguá pitá’. Y así como el felino americano se adapta y domina desde Canadá hasta la Patagonia, Verón se convirtió en el puma paraguayo que impuso respeto en cada estadio de México.
De carácter serio pero bromista, profesional al extremo, con temple de guerrero y corazón noble, Verón no sólo fue un líder, fue un ejemplo. “Entreno todos los días para mejorar, me cuido, vivo para el futbol”, decía el defensa central auriazul en 2005. Dos décadas después, sus palabras siguen resonando con fuerza.
Por siempre Pumas
Hoy, en su cumpleaños, la afición auriazul lo celebra como merece una leyenda. Darío Verón no sólo jugó para Pumas. Encarnó lo que significa ser Puma: Con garra, con pasión, con entrega. Y, sobre todo, con lealtad.
Porque los ídolos se recuerdan, pero los símbolos se llevan en la piel. Y Darío, el ‘Hechicero’, el capitán de hierro, será por siempre uno de los nuestros.

Deja una respuesta